Capítulo 2.- Encuentro bajo la lluvia.
Podía apostar que eran eso de las cinco y algo de la madrugada,
aunque no podía estar del todo seguro debido a lo nublado que estaba. Silver no
durmió en toda la noche, no por estar cuidando, tenía sueño ligero, más por la
situación, no, simplemente no podía dormir. Se mantuvo sentado frente al
volante mirando la puerta de su nuevo refugio.
¿Cuánto había pasado desde que ese infierno había comenzado?
¿Tres, cuatro años? Mucho tiempo, aun recordaba que inviernos tan duros pasaron
durante todo aquel tormento.
Ya lo único que le quedaba era su hermana menor y su mejor
amiga, aquella gata que jamás se apartó de su lado y le apoyó no importa que
tan idiota llegara a ser algunas veces. Tenía que admitirlo, llegaba a ver
veces en las que metía la pata, podría decirse que todo el tema del apocalipsis
le había hecho madurar rápidamente, casi al mismo nivel que Blaze.
Y la tormenta comenzó, el erizo estaba tan metido en sus
pensamientos que se dio cuenta no hasta que comenzaron a escucharse los truenos
y divisarse los relámpagos. Seguramente su hermana estaría aterrada en aquel
momento y aferrándose a alguna de las chicas a falta de su hermano mayor.
Dando un suspiro de resignación, se bajó del vehículo dándole
igual si terminaba entrando empapado de pies a cabeza. Caminó a paso firme a la
puerta y tocó, siendo que uno de los del otro grupo se quedó en el piso de
abajo para atrancar la puerta.
Sonic perezosamente se levantó del sofá aun somnoliento y se
dirigió hacia la puerta. Quitó la silla que detenía el pomo dejando entrar al
otro completamente empapado.
- Wow… ¿Te metiste al rio o algo así? – se burló el de
cabellera azul.
- Ja, ja – respondió el peliplata con sarcasmo - ¿Las chicas?
- Eh, ¿Arriba? – dio el otro con un tono de obviedad.
Silver simplemente comenzó a subir las escaleras en busca de
su grupo. En los barandales de la escalera estaba la ropa de ellos
completamente limpia secándose, como si la sangre de Runners con la que se
habían manchado ayer hubiese sido una simple ilusión.
Tocó a la primera puerta a la izquierda, no pasaron ni dos
segundos cuando Sylvia abrió y se abrazó a su hermano templando de miedo
mientras la tormenta se escuchaba cada vez más fuerte.
- Tranquila, estoy aquí – correspondió este su abrazo mientras
avanzaba dentro de la habitación con la chica colgada a él.
- … ¿Qué te pasó? – Preguntó una despeinada castaña mirando al
recién llegado – parece como si te hubiese caído un balde de agua encima.
- ¿Y tú? ¿Te atacó un oso?– respondió él algo fastidiado, a lo
que la chica solo le sacó la lengua como una cría.
- ¿Qué tal dormiste? – finalmente habló Blaze sentada al borde
de la cama, en la que se encontraba Cream durmiendo.
- No dormí nada – respondió él sentándose igual en la cama con
su hermana aun abrazándole. - ¿Qué tal ustedes?
- Sylvia no deja – respondió Tori bostezando – está toda
histérica por la tormenta.
- Tú estás igual – replicó la eriza claramente ofendida.
- ¿Podrían guardar silencio? Van a despertar a Cream – regañó la
de cabello lila haciendo que la habitación se quedara en silencio.
…
En la habitación de al lado, Lina y Amy se habían abarcado
toda la cama para ellas. El pobre Tails dormía en un sofá pequeño que había en
la habitación. Y como no, Knuckles recargado en la puerta, había ocasiones en
las que se preguntaba porque rayos estaba con ese grupo, y después caía en
cuenta de que de no ser por ellos estaría completamente solo.
Anteriormente los habían echado de muchos refugios
principalmente por culpa de Sonic y Lina y su afán de querer control, otras por
él y su “amabilidad y tacto” con los soldados, y algunas más por la pelirrosa,
era demasiado entusiasta al punto de ser insoportable. Tails era el único que
podía llamarse “normal” en el grupo.
Rebuscó en la mochila en busca de un reloj que guardaba entre
sus cosas. Este marcaba las 6:47 de la mañana, y afuera, como había dicho
anteriormente, llovía a cantaros, técnicamente parecía que el cielo se iba a
caer.
Suspiró pesadamente y se dignó a levantarse del suelo,
técnicamente había dormido solo 3 horas y media, dormir recargado en la puerta
no era precisamente muy cómodo, razón por la que ahora tenía un dolor en el
cuello horrible. Y es cuando calló en cuenta, si había más habitaciones ¿Por
qué rayos no se fue a otra? ¡Habría tenido una cama para él solo!
Se reprendió mentalmente, ya no se podía hacer nada en ese
momento simplemente se abarcaría una habitación hasta la noche, ya era de
mañana, y aunque se estuviera cayendo el cielo, tenían que revisar su nuevo
pueblo, además de que no podían andar pidiéndoles comida a los del otro grupo.
Hasta eso, debían buscar comida, y si era posible, armamento para ellos.
Salió de la habitación y bajó para encontrarse con su amigo
erizo acostado en el sofá. Literalmente tiró a Sonic de una patada y él se
acostó en su lugar. Pospuesto, el otro se levantó enfadado.
- ¡¿Qué carajo?! ¡¿Y eso que fue?! – replicó al ver que el
pelirrojo no tenía intención alguna de levantarse.
- Se supone que tú vigilas, no seas vago, tu hermana y tu
novia no dejan dormir aparte – se quejó este, miró de reojo al peliazul, quien
se había sonrojado ante el último comentario.
- ¡N-No es mi novia! – respondió con rapidez.
- Ya… - rio burlón el más alto de los dos.
Continuaron discutiendo un rato más, lo suficiente como para
que todos en la casa ya no los soportaran y bajaran a callarles a golpes.
- ¿No saben que significa “dormir en paz”? – se quejó la
pelirrosa.
- Tenía un sueño tan lindo – replicó Lina igual de enfadada
que la otra.
- Por lo menos ustedes si durmieron – objetó el pelirrojo
igual de irritado.
Ya que estaban despiertos, simplemente se cambiaron de ropa y
se reunieron en la cocina/comedor a discutir los puntos de compartir refugio
entre sí.
- Vale, comencemos con lo más importante – comenzó a decir
Silver bastante serio, el resto asintió - ¿Cuáles son sus nombres?
- Ustedes tampoco se han presentado – objetó de inmediato
Sonic.
- En esta situación, los que se deberían presentar primero
deberían ser ustedes – respondió la gata con aquella seriedad que le
caracterizaba. El grupo contrario suspiró resignado.
- Mi nombre es Lina – comenzó la susodicha al ver que el resto
se había puesto a la defensiva – él es mi hermano Sonic – señaló al peliazul –
luego está Amy, Knuckles y Tails – igual señaló al resto de sus compañeros.
- Silver – respondió el peliplata – y ellas son Tori, Blaze,
Cream y Sylvia – señaló a las chicas a su lado.
- Y ya que no somos extraños… - comenzó la castaña - ¿Son
saqueadores o algo así? – miró amenazante al grupo.
- Eh, no – respondió la eriza añil algo extrañada – no somos
como esos buitres de los refugios.
- Ni siquiera nos aceptan en los refugios – le secundó su
hermano.
- ¿Y de quien será la culpa? – respondió en voz baja Tails.
- Así que ustedes tampoco encajan en ningún lado, ¿eh? – les
miró incrédula la peliplata a lo que ellos asintieron.
- Bueno, podríamos iniciar una especie de colonia o así aquí,
tenemos todo un pueblo para nosotros – comenzó el erizo de ojos ámbar.
- Eso sería genial – le secundó Tails al igual que el resto de
su grupo que repentinamente se había animado.
Terminando aquella charla, se dignaron a preparar que
desayunar, que la verdad no fue mucho, solo unas cuantas galletas y un vaso de
leche en polvo. Estaban acostumbrados a comer poco, pero no siempre se podían
quedar satisfechos.
Aunque Silver y las demás se habían saqueado el pequeño
supermercado, no contaban con que su grupo se duplicaría, por lo tanto, la
comida se redujo a la mitad.
- Ni hablar, necesitamos buscar más provisiones – comentó Tori
mirando que para la hora de comer solo les quedaban dos miserables bolsas de
frituras.
- Pues nada, vamos por las armas – le apoyó la peliplata
menor.
No iban a salir todos por supuesto, no podían dejar su pequeño
refugio solo, además, tampoco es como si tuviesen tantas armas. Simplemente se
irían por lo menos cuatro del grupo mientras el resto limpiaba aquella casa
llena de polvo. De esa manera, Tori, Lina, Silver y Sylvia tomaron armas para
adentrarse en la lluvia.
…
Caminaron un buen rato por las calles, era poco decir que se
encontraban empapados, de seguir así terminaría por darles una neumonía a
todos. Llevaban al menos unas seis o siete manzanas y nada. Todas esas casas
maltrechas también estaban vacías.
Algo resignados tuvieron que limitarse a ir a por los
sembradíos. No querían tomarse todavía esa comida, pero no les quedaba de otra.
Comenzaron a caminar hacia allá. De no ser por los disparos a la distancia…
Había llegado más gente a su pueblo, y desgraciadamente no
solos, si estaban disparando sería porque se habían traído infectados con
ellos. No perdieron tiempo y corrieron tan rápidamente como les fue posible
hacía los disparos. Mientras más se acercaban, los disparos se habían dividido
en dos grupos distintos. Y los gruñidos y chillidos de los infectados también.
- ¡No te separes Neko! – se escuchó una voz masculina en uno
de los grupos.
- ¡Joder! ¡¿De dónde salieron tantos?! – se escuchó otra
femenina en el otro grupo mientras cortaba con su espada a diestra y siniestra
todo infectado que se le acercaba, tras ella se encontraba otro más bajo
disparando con un rifle a los que se le abalanzaban encima.
- ¡Hey! ¡Quita! ¡M-Mamá! – gritó el pequeño con desesperación.
La chica volteo, el infectado había tumbado al menor y ferozmente intentaba
morderle mientras este usaba su rifle por escudo.
Mientras la chica se ocupaba de quitarle aquel demonio de
encima a su hijo, se había dejado de percatar del resto de la horda. El disparo
tras ella y el muerto a sus pies le hizo ver que no estaban solos.
- ¿Están bien? – Escucharon ellos la voz de un extraño - ¿Aun
tienen balas?
- ¿Ah? Sí, estamos bien – respondió la chica. Escuchó más
disparos a su alrededor, pudo divisar un par de figuras acercándose mientras
mataban a los infectados que comenzaron a correr hacia ellos.
- ¡Joder! ¡Ya no tengo balas! - El grupo desconocido dejó de disparar,
la chica más alarmada que antes, tomó al menor en sus brazos y comenzó a correr
hacia el resto de su grupo.
Para cuando llegó con ellos, toda la horda estaba tendida en
el suelo, dos muchachos, uno con una niña en brazos, igual se acercaron con preocupación
a la chica.
- ¡Hey! – Silver llamó la atención de estos, inmediatamente
los desconocidos se pusieron a la defensiva, no tenían más balas, igual les
enfrentarían si llegaba a ser necesario.
- Tranquilos ¿Por qué siempre se ponen tan tensos? – objetó la
de ojos rosas
- ¿Qué son, saqueadores? Si lo son, que sepan que no tenemos
nada encima – comenzó a decir la chica de la espada mientras escondía a ambos
niños tras ella.
- Eso deberíamos decirlo nosotros – objetó Sylvia.
- cálmense un poco – intervino Lina – Les acabamos de salvar,
¿No es suficiente para mostrar que no somos saqueadores? – se escuchó un
suspiro por parte de la chica.
- Vale, gracias – respondió ella.
La maldita lluvia no dejaba ver a los nuevos, lo poco que
Silver alcanzaba a ver de la chica eran unos brillantes ojos verde esmeralda.
Por la sombra de su cuerpo se podía ver que tenía el cabello largo, también una
gorra sobre su cabeza, eso fue suficiente para que el erizo continuara
mirándole algo embobado.
- Deberíamos volver, nos va a dar una pulmonía o algo si
seguimos en la lluvia – propuso la peliplata menor mientras los de su grupo
asentía.
Los del grupo contrario comenzaban a alejarse, no pintaban
nada allí. Se escuchaba como los dos chiquillos, uno estornudaba y la otra
tocía. Suficiente para que al grupo entero les diera por ayudarles de nuevo.
- ¡Hey, chicos! – les llamó la castaña. Estos se detuvieron y
miraron a quien les había llamado.
- ¿Vienen con nosotros? – preguntó con amabilidad Lina.
- ¿Hablan enserio? – respondió uno de los chicos mirándolos
sorprendido.
- Por supuesto, necesitan ayuda, es lo menos que podemos hacer
por ustedes – objetó Silver.
- Supongo que les tomamos la palabra – aceptó la chica. Los
cinco se acercaron al grupo que les ofrecía ayuda – Por cierto, soy Naruky.
- S-Silver… - se presentó con un notorio sonrojo en su cara,
si con solo ver sus ojos le parecía hermosa, verla completa era un paro
cardiaco.
- Alex – continuó el Werehog algo molesto al ver que el erizo
se había quedado contemplando a la chica.
- un gusto, soy Sylvia – le saludó sonriente provocándole un
mini ataque de ternura al chico, ni los niños
que estaban con ellos llegaban a ese nivel de ternura.
- Benny – le siguió el gato castaño. Parecía que se les iba a
ser costumbre quedarse callados cada dos presentaciones – y los dos niños son
Inner y Neko.
- Yo soy Tori, y ella Lina – igual Tori presentó a la que
faltaba, aquello se le hacía eterno.
Comenzaron a caminar devuelta al refugio. Con el encuentro
hasta se les había olvidado a que habían salido en primer lugar, cosa de la que
se percataron cuando entraron a la casa.
- Venga, salen a por comida, y se traen más bocas que
alimentar – comenzó a decir Blaze algo molesta ¿Y cómo no estarlo? Si se les
habían sumado más personas solo porque les podía dejarles en la lluvia.
- Vamos Blaze, no son malos, además mírales, son militares,
pueden ayudarnos a revisar el pueblo – intentaba defenderles el erizo, de
ninguna manera dejaría a aquella chica irse en ese estado, menos si estaba
cuidando un par de niños. La chica suspiró con resignación.
- Está bien – aceptó ella - pero como haz dicho, tienen que
ayudar a inspeccionar el pueblo, aunque sea poder encontrar comida…
- Por supuesto, cuenten con nosotros – respondió la loba.
A ella lo único que le interesaba eran sus niños, no quería
arriesgarse a que enfermaran o algo peor, y si para salvarles tenían que
cooperar con un grupo desconocido, lo haría. Después de todo, era su deber como
madre.
Me estoy enganchando a la historia(?)
ResponderBorrar¡Quiero dibujar escenas de la novela! D: (?)
Y me ha gustado mucho, pero sigo esperando con ansias el último grupo... Me los imagino como los fucking boss(?)
Knuckles, tan simpático como siempre(?)
ResponderBorrarEn fin, qué decir, mola mucho ;___;
Yo también quiero ver al otro grupo D: